ACTIVIDAD #2
1. Lea el texto
2. Identifique los términos desconocidos y explique.
3. Saque las ideas principales y secundarias
4. Enviar al correo de la docente con las preguntas resueltas
5.Fecha límite 08 de junio : 11:59 p.m.
6. Responda las siguientes preguntas
- ¿Por que es necesaria la educción moral y ética?
- ¿Cuáles son los cuatro aprendizajes del siglo XXI y que relación tiene con la convivencia?
- ¿Cómo podemos reestructurar nuestras familias, vecindarios, aulas, escuelas para que puedan ser agentes efectivos de desarrollo moral?
- ¿Qué es el juicio mora?
- Explique los tres momento en el desarrollo moral con ejemplos
- ¿Qué relación existe entre: Moral y conciencia moral; Los ideales y el bien?
¿Por qué la educación moral y ética?
El desarrollo humano depende fundamentalmente de las ideas,
valores, prácticas, relaciones e instituciones comunitarias y sociales en las
que crece la persona, la escuela incluida. Las ideas y valores (la cultura) de
la comunidad funcionan como expectativas que la persona debe aprender, es decir
interiorizar por medio de la interacción social. Las expectativas sociales se
convierten en necesidades, intereses y capacidades que nos definen como seres
humanos. El principio de la esperanza en el que nos hemos formado nos dice que,
aunque el ser humano está condicionado por su ambiente socio-cultural, puede
mediante su pensamiento y acción entender, criticar y transformar su relación
con dicho ambiente y con ello a sí mismo y a su ambiente.
Iniciamos una nueva centuria en medio de profundas
transformaciones económicas, sociales, políticas y culturales. La situación de
crisis de valores que afecta a nuestra sociedad y que toca de cerca a nuestros
niños y jóvenes, en muchas ocasiones tiene por consecuencia el desarrollo de
actitudes y comportamientos alejados de valores morales, éticos y cívicos
tradicionalmente tenidos en alta estima por nuestros pueblos.
La delincuencia, la agresión y la violencia, el uso de
drogas, alcohol, tabaco, los estilos de vida egocéntricos, y consumistas,
indiferentes a las necesidades profundas de sí mismo, de los otros y a las
normas de sana convivencia social, son testimonio de esta situación de crisis.
Tanto la situación histórica como nuestros principios
éticos, cívicos y religiosos nos obligan a promover la formación de personas y
ciudadanos con nuevas capacidades y sensibilidades éticas y cívicas. La UNESCO
ha dicho en este mismo sentido que los cuatro aprendizajes fundamentales para
el siglo XXI serán aprender a conocer, a hacer, a vivir juntos y a ser. Estas
necesidades educativas de nuestro tiempo no se satisfacen con meros
conocimiento y destrezas específicos; se trata más bien de fomentar el
desarrollo de nuevas mentalidades; de nuevas estructuras conceptuales; de
nuevas actitudes y sensibilidades; de nuevas habilidades generales o
competencias humanas.
Vivimos un momento en la historia en que nuestros pueblos
reconocen la necesidad de comenzar a entender y atender, en forma reflexiva,
creativa y crítica, en nuestras familias, vecindarios y escuela, el proceso de
desarrollo humano y, dentro de ello, el aspecto del desarrollo moral. La
escuela tiene que dejar de ser mero centro de distribución de información y
desarrollo de destrezas técnicas; debe transformarse en un espacio en el que se
promueva en forma deliberada y coherente el desarrollo integral de los
estudiantes en sus múltiples dimensiones.
Cosa para hacer:
Primero, tenemos que tener una idea clara de qué significa y
qué pueden llegar a significar moral y ética hoy día, en el Siglo XXI, en
nuestra sociedad. Sería un error pretender que la "moral y ética" en
la que nosotros nos educamos va a ser la misma en la que eduquemos a nuestros
niños y jóvenes.
Aunque los valores éticos y cívicos más generales puedan
permanecer constantes en su núcleo esencial, su interpretación y jerarquía
cambia o tono con las necesidades e intereses humanos que surgen
históricamente. Muchos, por ejemplo, podemos habernos educado en una sociedad
autoritaria, por no decir, dictatorial, y las sociedades autoritarias y
dictatoriales generan un cierto tipo de moral y de ética; que es el que las
dictaduras o sistemas autoritarios necesitan para sostenerse. Morales de la
autoridad y la coerción, no de la libertad y la creación; de los deberes y no
de los derechos; del cumplimiento de reglas y no de lucha por ideales; de la
obligación y el respeto, no del amor, el cuidado y la solidaridad. Fundadas en
la debilidades y faltas humanas, no en su grandeza y posibilidades.
Segundo, una vez que tenemos una idea clara de qué son ética
y moral, debemos investigar cuáles son los factores o las condiciones que hacen
que unos seres humanos sean ética y cívicamente "competentes" y otros
"incompetentes". ¿Por qué unos seres desarrollan su conciencia ética
y moral a niveles de excelencia y otros son tan deficientes? ¿Cuáles son los
factores o condiciones que pueden dar cuenta de estas diferencias? ¿Cómo se
manifiestan en nuestros hogares, vecindarios y escuelas? Tal vez, si
descubrimos estas condiciones del desarrollo moral y ético, podemos comenzar a
entender dónde es que estamos fallando; entonces podríamos tratar de recrear
aquellas condiciones que posibilitan el desarrollo y combatir las que lo obstaculizan.
Tercero, sobre la base de lo anterior podemos adoptar o
crear métodos o estrategias de enseñanza y convivencia humana para fomentar la
conciencia ética y cívica de nuestros niños y estudiantes. El punto de partida
para esta transformación es el desarrollo en los padres, madres y docentes de
nuevas formas de pensar, sentir, valorar y practicar la educación, que se
traduzcan en nuevas formas de convivencia y de práctica educativa en nuestros
hogares, aulas y escuelas.
Un modelo de conciencia moral y ética como competencia
humana general
La conciencia moral y ética es la capacidad para sentir,
juzgar, deliberar (argumentar) y actuar conforme a valores morales de modo
coherente, persistente y autónomo.
La conciencia es sensibilidad, juicio, deliberación y
tendencia a la acción (voluntad). Por ejemplo, una vez que no soy indiferente
al dolor ajeno y me digo "hay que ayudar a esta persona", hay un ser
humano en necesidad, me siento involucrado afectivamente y compelido a hacer
algo. Aquí están operando la sensibilidad y la voluntad.
Puedo pasar de inmediato a la acción, o puedo reflexionar
antes de actuar y plantearme un problema: ¿Cuál es la forma más apropiada de
ayudarla? ¿Qué curso de acción es el más apropiado para hacer el bien? Al
hacerme estas preguntas pospongo momentáneamente el actuar para razonar o
deliberar, es decir, entro en un proceso de diálogo con otros o conmigo mismo.
La conciencia moral implica un proceso de deliberación. Finalmente, una vez
estoy convencido del curso acción correcto, debo tener la voluntad para, en
efecto, actuar. El sentirse uno involucrado y obligado a actuar sólo se
verifica en la acción, eso es lo que significa tener conciencia moral. La
conciencia moral implica una voluntad de acción.
Así como el pensamiento necesita no sólo procesos o de
destrezas para percibir y razonar los objetos, sino también de un contenido,
que son los conceptos; la conciencia moral necesita no sólo de los procesos que
hemos analizado, sino también de un contenido, que son sus valores. Es desde el
punto de vista que nos presentan los valores que sentimos juzgamos, deliberamos
y actuamos. Sin valores no hay conciencia moral; como no hay pensamiento sin
conceptos. Al ver las personas en necesidad y sentirme involucrado y obligado
actuar se debe a que en mis existe un valor de justicia, solidaridad u otro. La
falta de conciencia moral es en gran medida, la ausencia de valores morales; la
conciencia vacía de contenido.
La sensibilidad moral es aquella dimensión de nuestra
conciencia moral que nos permite experimentar, es decir captar sentirnos
afectados ante situaciones en las que está en juego el bienestar humano (hoy
día añadiríamos "y planetario"). Ser sensible, moralmente hablando
implica que no sólo captamos cognitiva o contemplativamente una situación, sino
que la "vivimos"; nos sentimos involucrados en ella y movidos a
actuar porque está en juego el bienestar humano. Desde esta perspectiva, la
sensibilidad moral implica sobre todo simpatía y cuido tanto del otro como de
mí mismo (autoestima), es decir, solidaridad.
El juicio moral es aquella dimensión que nos permite
declarar lo bueno y lo malo; lo justo y lo injusto; lo honesto y lo deshonesto;
etc. en tales acciones y situaciones. Es la capacidad que le permite hacer
estimaciones o prescripciones sobre las acciones o relaciones humanas a la luz
de un valor moral. Por otro lado, todo juicio moral se hace sobre un fundamento
o base que podemos descubrir cuando le preguntamos a la persona ¿por qué lo
dices? Típicamente las respuestas de las personas tienden a reflejar unas
motivaciones o razones para su juicio que pueden clasificarse en niveles de
juicio moral. Esto niveles van de la heteronomía a la autonomía. El desarrollo
de la capacidad del juicio moral implica un desarrollo en dirección de la
autonomía.
La deliberación moral tiene como fin determinar qué curso de
acción o práctica es la correcta para favorecer o alcanzar un cierto valor que
se tiene como bueno o justo. La deliberación busca determinar cuál en una
situación específica y concreta es el medio más adecuado para alcanzar ese fin.
La deliberación consiste en tratar de establecer con claridad los hechos y
clarificar los valores que se tienen para entonces decidir por medio del
razonamiento y la argumentación cuál es el curso de acción correcto.
Al ser humano que tiene que actuar se le presentan diversos
cursos de acción. Cada curso de acción tiene su abogado, su estímulo o motivo y
sus consecuencias. Los cursos de acción son examinados en atención a cómo
contribuyen, es decir, sus consecuencias para ciertos fines. Cuando escogemos
el curso de acción más acorde con nuestra jerarquía de fines y valores, es
decir con nuestro proyecto de vida, la voluntad se torna racional y moral. La
voluntad moral es una dimensión o aspecto de la conciencia moral; su función
ejecutiva. La voluntad es moral cuando, al hacer decisiones o elegir, obedece a
los valores y fines morales; es decir a un ideal del bien que la persona ha
adoptado o a un proyecto de vida; que es el contenido de su conciencia moral;
entonces es una buena voluntad. La voluntad moral es voluntad de
perfeccionamiento humano individual y colectivo.
Por su parte la ética se refiere, por un lado, a nuestra
capacidad para analizar la moral; la conciencia ética es la conciencia de la
conciencia moral; o más simplemente, la autoconciencia. La autoconciencia o
conciencia ética no nos dice cómo actuar; pero mejora la conciencia moral
haciéndola más clara en sus contenidos, mejorando sus procesos y haciéndola más
coherente. Por otro lado, la ética busca formular valores o deberes
deliberadamente y de carácter "universal", es decir a un nivel de
generalidad que trasciende loa valores particulares. Estos valores son
necesarios en aquellas sociedades con una pluralidad de sistemas de moral porque
crean un consenso en torno a ciertos fines de la sociedad en su conjunto. Tal
es el caso de los valores de dignidad y solidaridad, los cuales pueden ser
aceptados, en su formulación general, por diversas tradiciones religiosas y
filosóficas.
Moral y conciencia moral
Toda forma de conciencia lo es de aquello que tiene como
contenido de su intencionalidad. Esto es así porque la conciencia no precede a
la experiencia, sino que se construye en la experiencia misma de su objeto. Por
ello la idea que tenemos de lo que es la conciencia moral y su formación en
cuanto competencia humana nos viene dictada por el concepto que tenemos de lo
que es la moral. Todo proyecto de formación moral descansa pues en una
concepción explicita o implícita de lo que es la moral y, por ende, la
conciencia moral.
El educador tiene por ende la responsabilidad de clarificar
el concepto de moral con el que va a trabajar y asegurarse de que las metas, el
contenido y las estrategias de su enseñanza son coherentes con éste. Al respecto
destacamos cinco ideas fundamentales, íntimamente relacionadas, en torno a la
moral que enmarcan nuestra propuesta de formación de la conciencia moral y
ética en cuanto competencia humana:
La moral más que con normas y reglas, que suelen ser particulares
y relativas a contextos histórico/culturales y grupos sociales específicos,
tiene que ver con ideales y valores de carácter general y universal.
La moral más que un estado real o ideal, es un movimiento de
lucha constante entre lo que son el ser humano, su comportamiento y sus
relaciones (su facticidad) y lo que deberían ser (su idealidad).
La moral más que un orden impuesto de prohibiciones y
restricciones impuestas para dominarnos, es un orden de libertades, deberes y
responsabilidades construidas consciente y voluntariamente para liberarnos y
alcanzar la felicidad.
La moral más que el ciego sometimiento a preceptos de una
autoridad externa, es la obediencia a la propia autoridad; es un continuo acto
de la conciencia y del carácter, que nosotros mismos hemos ayudado a construir.
La moral mas que oponer el interés personal al colectivo, es
precisamente su reconciliación; es la perenne lucha por establecer un orden
social en el que todo ser humano pueda vivir solidaria y dignamente, es decir
en libertad y plenitud, tanto personal como comunitaria.
Los ideales y el bien
La conciencia es el órgano del bien y del mal; sólo cuando
ella está presente podemos hablar de bien y mal. El bien y el mal, en el
sentido moral, se refieren al bienestar o al daño que podemos causar cuando
actuamos conscientemente. El bien moral es lo que conserva, beneficia, mejora,
completa o perfecciona la vida humana en relación a un ideal de la misma; el
mal lo que la extingue, daña, empeora o reprime su desarrollo pleno.
Lo característico de este pedazo de universo, que es el ser
humano, es que es naturaleza, consciente, materia espiritualizada. Consciente
significa que el ser humano es capaz de percibir, sentir, pensar y conocer su
vida y asumir frente a la misma una actitud reflexiva y voluntaria. El ser
humano no sólo vive, sino que "se?? vive en relación; puede asumir su vida
como acto de sentimiento, de juicio, razonamiento y de acción, puede
construirla en relación a un ideal de la misma. Por eso puede el ser humano no
solo sobrevivir sino vivir bien; por eso llama Hostos al ser humano
"obrero de la vida".
Con el surgir de la conciencia se abre para el ser humano la
posibilidad de su perfeccionamiento y el de la naturaleza en general. Dice al
respecto Hostos:
"Para que el hombre fuera hombre, es decir, digno de
realizar los fines de la vida, la naturaleza le dio conciencia de ella,
capacidad de conocer su origen, sus elementos favorables y contrarios, su
trascendencia y relaciones, su deber y su derecho, su libertad y su responsabilidad:
capacidad de sentir y de amar lo que sintiera; capacidad de de querer y
realizar lo que quisiera; capacidad de perfeccionarse y de mejorar por sí mismo
las condiciones de su ser y por sí mismo elevar el ideal de su
existencia."
Los ideales desempeñan un rol cognitivo, afectivo y volitivo
en la economía moral humana: son a la vez norte que orienta y energía que nos
mueve a sentir y actuar. Los ideales son los motivos de la conciencia moral. Un
fin humano es un ideal porque el carácter moral trata de convertir el mundo
"que es" en lo que el mundo "debe ser". José Ingenieros, en
su obra El hombre mediocre lo resumió magistralmente:
"Cuando pones la proa visionaria hacia una estrella y
tiendes el ala hacia tal excelsitud inasible, afanoso de perfección y rebelde a
la mediocridad, llevas en ti el resorte misterioso de un Ideal. Es ascua
sagrada, capaz de templarte para grandes acciones. Custódiala: si la dejas
apagar no se reenciende jamás. Y si ella muere en ti, quedas inerte; fría bazofia
humana. Sólo vives por esa partícula de ensueño que te sobrepone a lo real. El
concepto abstracto de una perfección posible toma su fuerza de la verdad que
los hombres le atribuyen: todo ideal es una fe en la posibilidad misma de la
perfección. En su protesta involuntaria contra lo malo se revela siempre una
indestructible esperanza de lo mejor: en su agresión al pasado fomenta una sana
levadura de porvenir."
La moral depende de un cierto ideal que nos hemos formado de
lo que es el bien. La moral es el continuo contraste entre ese ideal que
tenemos y la realidad que vivimos; es la lucha perenne por acercarnos a ese
ideal. Perenne porque con nuestro perfeccionamiento, también se perfecciona e
ideal y con ello vuelve a alejarse; por ello siempre es inalcanzable. Cuando
confundimos los ideales con la realidad, se pierde nuestra capacidad para
criticarla y trasformarla; es decir, se pierde nuestra capacidad de
perfeccionamiento y con ello nuestra capacidad moral. Por ello toda crisis
moral delata una perdida de ideales o su sustitución por ideologías.
Decía Karl Krause, aquel pensador que tanto influencia
ejerció en el pensamiento de Hostos, a través de su maestro Sanz del Río:
"Aunque se necesiten muchos siglos para ver
históricamente cumplido este fin último, ¿es menos digno del hombre considerar
como un presente el total porvenir de nuestra naturaleza? ¿No debemos nosotros,
ya desde hoy, vivir en el espíritu de nuestra historia definitiva? ¿Será ésta
algún día efectivo, si nosotros hoy no aspiramos a realizarla? ¿Desmayará
nuestro interés una vez aplicada al fin de nuestra humanización en el todo y en
las partes, porque la grandeza de esta obra, la multitud de sus pormenores y
grados intermedios pida largo tiempo, antes que madure el fruto en el árbol de
la vida?"
El bien implica un ideal de perfección. En la tradición
cristiana ese ideal del bien se ha resumido en una frase muy sencilla que dice:
"Sed perfectos como vuestro Padre que está en los cielos". Hacer el
bien, vivir la moral es luchar y contribuir a que ese ideal de perfección se
haga realidad. Tener conciencia moral implica que yo observo la realidad y,
como tengo un ideal de perfección, veo la diferencia tan grande que existe
entre lo que la realidad debería ser y lo que la realidad es. Por eso la conciencia
moral genera angustia, porque la persona está viendo y sintiendo constantemente
la discrepancia entre cómo deben ser las cosas y como son las cosas.
El carácter moral es fundamentalmente compromiso de lucha
por unos ideales; por acercar el ser al deber ser; como lo dice Hostos
magistralmente: "Por carácter entendemos el hombre hechura de sí mismo
que, aplicando todas las facultades del espíritu, sale ileso de las luchas de
la vida real, ofreciendo en todos sus pensamientos, actos y pasiones, la unidad
completa de una vida dedicada a un fin humano".
Valores, deberes, virtudes y conciencia moral: una
perspectiva constructivista no relativista
La moral supone un cierto ideal de perfección humana y de
vida buena que los seres humanos tenemos; el bien y el mal dependen de en qué
medida nos acercan o no a ese ideal: Bueno es todo aquello que me acerca al
ideal. Malo es lo que me aleja de ese ideal. Por eso los valores morales valen,
es decir son buenos, porque nos conducen al bien, al ideal.
Los valores no son otra cosa que medios que me permiten
caminar hacia un ideal, porque son sus condiciones de posibilidad misma. Por
ejemplo ¿por qué creemos en la honestidad, en la cortesía, en la justicia?
Porque nos conducen a lo que nosotros estimamos que es el ideal de la armonía y
la paz humana.
La amistad es, en gran medida, un ideal moral: la perfecta
armonía entre seres humanos. La honestidad es una condición de posibilidad de
ese ideal. Los valores morales son, pues, la condición de posibilidad de las
realidades morales, que son realidades ideales, no fácticas. Esas realidades
ideales se hacen sin embargo fácticas cuando los valores se encarna en el
comportamiento humano. En otras palabras la amistad sólo se hace real (fáctica)
cuando se actúa con honestidad. Nadie me obliga a buscar la amistad; es un acto
de mi libertad y de mi búsqueda de felicidad y realización plena. Pero si me
decido por la libertad, entonces coherentemente tengo que querer lo que la hace
posible. Por eso la amistad requiere de una constante lucha por sostenerla; de
un continuo acto de libertad, de conciencia moral, de honestidad, lealtad,
justicia, etc.
La capacidad u órgano humano que permite que un valor moral
determine el comportamiento humano y, de ese modo, lo ideal se haga existente
(fáctico), es la conciencia moral. Cuando la conciencia hace suyo ese valor,
éste se interioriza y se convierte en deber. El deber actúa como una fuerza que
nos obliga a actuar en conformidad con el valor para el logro del ideal del
bien que buscamos. Por eso dice Hostos que: "así como las ideas
intelectuales provocan otras ideas y todas juntas se encaminan y tratan de
encaminarse hacia la verdad, las ideas morales provocan la práctica del bien,
de que son representaciones ideales."
Cuando, con la práctica y la experiencia moral, el deber se
hace hábito o disposición, se convierte en virtud. La virtud es una disposición
para actuar en conformidad con el ideal del bien. Por eso en el desarrollo
moral podemos identificar tres momentos:
I. El valor reconocido objetivamente como tal: "el que
quiera preservar la amistad tiene que actuar con honestidad".
II. El valor interiorizado como deber: "debo ser
honesto para mantener la amistad; me siento obligado a ello porque quiero la
amistad".
III. El valor transformado en disposición o virtud: "no
puedo evitar ser honesto con mis amistades; es mi forma de ser"
El proceso de desarrollo de la conciencia moral pasa de
conocer los valores a convertirlos en deberes y finalmente en virtudes o
carácter. Los deberes, no son otra cosa que los valores presentándose a nuestra
conciencia en forma imperativa. El valor de la justicia es el deber de hacer la
justicia. El deber no es otra cosa que el valor transformado en conciencia. Las
virtudes no son otra cosa que los valores transformados en hábitos o rasgos del
carácter.
Sobre la relación entre la conciencia moral y los valores,
debemos aclarar que no se trata de que la conciencia exista primero para luego
apropiarse los valores. La conciencia nace del proceso mismo de apropiarse
-construir dichos valores.; del mismo modo que el pensamiento nace en el
proceso mismo de construir el conocimiento. Esto implica que la conciencia
moral nace al calor, por ejemplo, de relaciones como la amistad, en la que
aprendemos a ser honestos. La conciencia y los valores se construyen, pero no
arbitrariamente sino sobre la base de unos ideales de relaciones humanas
surgidos históricamente y concebidos y deseados como formas de
perfeccionamiento humano.
La conciencia moral es una fuerza; porque puede operar sobre
el comportamiento humano a través de los valores que se convierten en deberes y
virtudes. En la conciencia los valores se han encarnado, es decir subjetivado y
con ello han adquirido el poder de afectar el orden real del mundo, es decir de
las relaciones humanas; de los seres humanos entre sí, consigo mismos y con la
naturaleza.
La moral hecha conciencia nos hace reconocer y nos obliga a
actuar en conformidad con el perfeccionamiento del ser humano en sus relaciones
consigo mismo, los otros y la naturaleza o universo. Por eso para Hostos la
moral comprende tres grandes divisiones: la moral individual, la moral social y
la moral natural. El sentido del deber se extiende hacia mí mismo, los otros,
la naturaleza y el universo.
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